Catedral de Reims (Arte Gótico)

Es una de las grandes catedrales, junto a la de Chartles y la de Amiens, que se levanta durante el periodo gótico en Francia entre los siglos XIII y XIV. Puede considerarse el ejemplar más representativo del gótico francés.

Tiene una planta de grandes dimensiones de 150 metros de longitud, cruz latina con tres naves hasta el crucero donde se amplía a 5 naves. Esto unido a una enorme girola con 5 absidiolos hace que ese espacio cobre una especial importancia en la catedral.

En cuanto al alzado del edificio, lo que más llama la atención es la enorme altura de la nave central, de 35 metros de altura. Esto permite la aparición de una tribuna lateral y por encima unos grandes ventanales. En el exterior la impresionante nave central está sujeta por arbotantes que permite la apertura de los ventanales.

La iglesia tiene 3 fachadas: dos en los extremos del crucero y otra a los pies. Está dividida en tres cuerpos horizontales, planos que dotan al conjunto de gran dinamismo y profundidad, como se pone de manifiesto en la colocación de hornacinas y pináculos. La fachada se remata con un gran rosetón y dos campanarios gemelos, que aunque no se encuentran rematados, el sentido ascensional lo marcan los gabletes. Además de esos campanarios existen otros dos de menos altura en la nave del crucero y un cimborrio.

Esta iglesia se levantó sobre un antiguo santuario carolingio y en su primera planta consta de una inscripción sobre un dibujo de laberinto con el nombre de los primeros artistas.

El estilo que inspira la realización de esta catedral es el gótico que se inicia en el año 1124 gracias  al abad benedictino Bernardo de Clairvaux, que reacciona contra el lujo de sus hermanos, los monjes de Cluny, sin embargo, a pesar de sus raices liseriense, Reims sigue el estido de la Abadía de Saint Denis, también conocido como el estilo moderno o francés. Esta arquitectura va más allá del deseo de recrearse en su contemplación estética.

Al igual que sucede en Cartles o Amiens, estas catedrales nacen en ciudades dominadas por los reyes como una afirmación nacional que supera el estilo anti-urbano impuesto en el románico por monjes y señores feudales, además de utilizarse como instrumento para fortalecer el poder de la corona. Por estas razones las catedrales pueden considerarse un símbolo de los nuevos tiempos que presidía la sociedad francesa y, en este caso, el apoyo de la corona a esta ciudad (Reims) sobra un significado especial, pues en este lugar, según la tradición, recibió el bautismo el rey franco Clodoveo.

Estos edificios traspasan las fronteras de Francia, se extienden por toda Europa desde Escandinavia a España y desde Inglaterra a Polonia, por eso se considera el primer gran estilo europeo, que ademas refleja de forma fiel el espíritu del continente, donde se mezcla el deseo de libertad, plasmado en la riqueza de sus muros, con el ansia de luz y la búsqueda de la dimensión trascendente del se humano.